miércoles, 11 de junio de 2008


Que si, que esto está hecho un desastre y medio abandonado. Un páramo yermo vaya.

He de decir en mi defensa que mis labores me mantienen a raya y no me permiten comunicarme con el mundo exterior así que al menos por hoy dejo esto en manos del cormorán y que sea lo que tenga que ser.

Un saludo.

- No pienso ponerme delante de esa cosa a escribir.
- Para empezar, no sabes escribir.
- Pues más ridículo todavía, ¿si no se escribir porqué me dejas a mi esto?
- No hay nadie más a quien encargárselo.
- El último mono.
- No, el último cormorán.
- No soy el último, hay más. Aquí por último sólo respondes tú.
- No, yo soy el único.
- Eso es lo que te crees, que eres único, pero no.
- Gracias.
- No era un cumplido.
- No, gracias porque con esta charleta hemos rellenado una entrada y he salido del paso.
- A veces te odio.
- Suelo despertar ese sentimiento.

1 comentario:

Monotributo dijo...

Bill Gates: temí pasar a llamarme Bill "Gay-tes"
Bill Gates: "Hoy no se si es culpa o deseo lo que siento por Monotributo".
El gran semanario informativo-festivo-decadentista Maracas & Masitas obtuvo la única entrevista que otorgó a medio alguno tras su renuncia a Microsoft, William Henry Gates II, quien hasta ahora era considerado uno de los zares de la informática...hasta ahora. Solo hasta ahora. En el siguiente reportaje es el propio Bill (a quien vemos en la imagen mirando a Plutón con ojos de arrebol y ensueño para con ese planeta de donde vino alguien que lo desvela), quien nos cuenta de sus penas, sus culpas y sus suspiros...por ese "alguien".



M&M: -Contanos algo Guille de tus comienzos en este tema del sofwere y los sistema operativos que te han dado fama mundial.
BG: -Les cuento. Todo empezó en Lakaside, un barrio de mi ciudad, Villa Gobernador Seattle, donde cuando era muy pibe me ganaba unas chirolas limpiando parabrisas de los autos que se detenían en el semáforo. Un día se detiene un descapotable de un lujo tal que no había visto nunca, y al decirle la consabida frase: -"le limpio el vidrio, don", se asomó un ser de un aura y una belleza que trasuntaba a la vez, virilidad, pasión, inteligencia y modestia...sobre todo mucha modestia.
M&M: -¿Quién era ese ser?, !decilo, Guille, decilo!
BG:- Antes de revelar su identidad te cuento que me deslumbró con su extraordinaria retórica y su manejo magistral del idioma. Me dijo: "-ni se te ocurra pibe, ya me lo limpiaron en la YPF de Sprinfield donde cargué gasoil". Luego agregó con ese capacidad semántica que lo pone por arriba de un Cervantes, un Shakespeare, un Novaresio o un Neruda: "vó a que te dedicá aparte de limpiar vidrio". Le contesté que mi ilusión era llegar a jugar en las ligas mayores de la NBA, que se yó, en Boston Celtic, Chicago Bulls o el Real Arroyo Seco. Entonces me miró con sus ojos de dios olímpico y me dijo estas palabras que cambiaron para siempre mi vida: "-dejate de joder".
M&M: - ¿Pero quien era ese dios olímpico? Basta de suspenso, Guille, por favorrrrrr.
BG: Bueno les digo. Ese ser, ese Adonis de la belleza y la sabiduría conjugadas en una perfección nunca vista en el universo, no era otro que el GRAN MONOTRIBUTO.
M&M: -¿Que estaba haciendo cuando lo encontraste en ese semáforo?
BG: Venía desde Plutón rumbo a su Instituto Superior de Estudios Internésicos. Había tomado la ruta vieja porque la autopista estaba cortada a la altura del segundo anillo de Júpiter por un piquete de venusinos que protestaban por las retenciones que le ponían a los arrendamientos en los canales de Marte.
M&M: -¿Y entonces que pasó?
BG: - Pasó lo más maravilloso que le puede pasar a un ser humano. Que un dios, un vestal, un coloso, que digo un coloso..un Gigante de Arroyito como Monotributo tome a un simple humano como yo en caracter de educando. Me invitó a cursar estudios en su Instituto. Específicamente sobre una nueva ciencia que el estaba creando: la informática.
M&M: -¿Y entonces que hiciste Guille?
BG: -¿Que iba a hacer?, si esa oportunidad se da una en un billón en mil años luz. Al otro día, con una manzana para el recreo, me tomé el Tirsa, empalmé con el 132 Tío Rolo, y me presenté en el Instituto del Gran Monotributo. Pasé allí los cinco más maravillosos años de mi vida. La edad de la ilusión. El tiempo del descubrimiento. La alegría por la alegría misma. La misma felicidad en suma que sentí cuando una vez completé la claringrilla.
M&M: -¿Que estudiaste en el Instituto?
BG: - De todo. El maestro universal Monotributo me enseñó de todo. Recuerdo aun algunas materias. Sistemas Operativos I, II y III. Sofweres bizantinos. Construcción de barriletes. Exel 1-NOB 0. Semántica del Blog. Internet para alcoholicos. !Y ojo, que lo estudiabamos todo con alegría! Recuerdo al respecto esa marcha que ideó Monotributo, cuya letra no les cantaré porque es un poco picaresca: Macintosh se la come, Microsoft se la dá. En fin...fueron años fecundos donde el Genio de la Internet, el Unico Genio me formó para siempre. En la foto que ven al costado está registrado el momento de la graduación en el Instituto Superior de Estudios Internésicos. Recuerdo que la fiesta fue a todo lujo en el Salón La Cautiva, con sanguiches de Miga Miga y un porrón de Brahma cada cuatro alumnos...!que Monotributo no escatima en gastos!. Luego llegó el momento en que a solas el gran maestro me dijo: "-Bill, sos el alumno más brillante de la promoción. Tu tarea será enseñarle al mundo lo que has aprendido de mí. A los plutosinos la modestia innata que llevamos en nuestros genes de deidades universales nos impide mostrarnos como los genios que somos. Serás vos, entonces, quien se quede con el crédito del desarrollo de los sistemas operativos. ". Eso me dijo el maestro. Yo me quedé mudo, hasta que este de un suave empujón me dejó en la colectora de la Vía Lactea. Al rato pasó un Monticas rumbo a San José de la Esquina, y como tenía paradas intermedias en New Jersey, Indiannapolis y Alburquerque, me lo tomé.
M&M: -¿Que pasó entonces, Guille?
BG: -Pasó lo que ustedes ya conocen. En Alburqueque inicié mi empresa de computación. Altair se llamaba. Luego volví a Villa Gobernador Seattle donde fundé Microsoft y lo demás es historia conocida. Exitos, fama, Seven Up, Mirinda, Pritty.
M&M: - Eso es lo que el mundo no entiende Guille. El porqué de tu renuncia a la empresa a la que diste fama mundial. ¿Que paso?, !decilo, Guille, decilo!
BG: -Pasó que todo era un fraude. Bill Gates no es nadie sin Monotributo. Ni siquiera sirvo ya para limpiar parabrisas en un semáforo. Todo lo que patenté en el mundo de la informática lo inventó el divino plutoniano, el GRAN MONOTRIBUTO, y me pongo de pie para nombrarlo y se me eriza la piel cuando lo nombro...perdón, me estan traicionando los sentimientos, perdón...
M&M: -¿Como es eso?
BG: - Si chicos, al principio yo disfruté las mieles de la fama. Luego la culpa por usurpar un mérito que no era mío empezó a incomodar mi conciencia. Pero...eso tal vez hubiera sido un silicio soportable, aunque atroz, soportable.
M&M: -¿Y que es lo no soportable, Guille, lo que te llevó a renunciar?
BG: - El deseo, el maldito deseo hijo de una pasión perturbadora. Cada vez más la imagen que obnubila mi alma y mi corazón no es la de la culpa, sino la del deseo. Ese deseo impuro a la virilidad hecha perfección. No quiero avanzar más en el tema porque pese a mi cara de dolobu soy casado. Melinda se llama mi mujer. Tiene nombre de gaseosa de segunda calidad, pero en fin, es mi señora. Pero....siempre hay un pero. En la alta noche vuelve recurrente la figura egregia del Genio de la Internet, del Perfecto Plutoniano, del Adonis del Blog que ante mi dudosa líbido me grita: Bill, !no seas maraca!, !no seas masita!. No pude más y entonces renuncié al Imperio Microsoft. Ese Imperio tiene un solo monarca: Monotributo .... ah.... Monotributo... Monotributoooo ... ah...
En este estado de suspiros y jadeos, decidimos dar por terminada la entrevista. Bill Gates se retiró llorando y mirando al firmamento en la estrellada noche. Suponemos intentaba alcanzar con su mirada a Plutón. Hacía frío en Villa Gobernador Seattle. La noche ostentaba similar pureza al del firmamento altoperuano que describió un general latinoamericano del siglo XIX que entre batalla perdida y batalla perdida se traducía de puro aburrido La Divina Comedia. Sí, era una noche diáfana como lo fueron las de los módicos encontronazos de Ayohuma y Vilcapugio. Desde una estrella alguien nos gritó: !maracas, masitas!. Nos fuimos silbando bajito. A esa hora se tornaba ocioso esperar el 35/9, el 142 o el 103. Cerca llegaba el particular sonido del North Pacific Ocean golpeando contra las costas bravas del Estado de Washington